En el área de la normativa familiar, uno de los aspectos importantes hace referencia a
la importancia de la existencia de normas en la familia, y es necesario puntualizar que
cuando hablamos de normas no nos referimos a unas normas establecidas "porque sí" o
"porque lo digo yo y punto", sino a unas normas que persiguen el establecimiento o la mejora
de una determinada conducta. De este modo, cuando la norma está pensada para mantener
esa determinada conducta a lo largo del tiempo las bases de ésta, no se definen en función
de una necesidad a corto plazo sino en base a una necesidad a largo plazo. Se apuesta por
el hábito que deseamos para el futuro y no por lo que queremos conseguir en el momento.
Se apuesta por el desarrollo de la capacidad de la constancia y no por el deseo de querer
tener todo ordenado sólo hoy, y mañana no porque estamos más cansados.
Por ello la coherencia es otro de los ingredientes fundamentales a la hora de crear y
hacer cumplir normas. Una familia debe funcionar en equipo y las normas deben ser
coherentes en ese sentido, no deben tener un horario ni depender de la persona que en ese
momento exija su cumplimiento.
Tampoco hay que olvidar que el establecimiento de normas no ha de estar reñido con
el manejo adecuado de las emociones; todo lo contrario: la expresión y el manejo correcto de
emociones y las manifestaciones de cariño van a contribuir al desarrollo de la autoestima. El
afecto unido a un repertorio de normas adecuado va a fortalecer las relaciones entre todos
los miembros de la familia.
Por último destacar que la reflexión, la coherencia y la disciplina no son sólo
herramientas necesarias para la educación en el ámbito familiar, sino estrategias de
afrontamiento que nos van a permitir resolver de forma eficaz las múltiples y diferentes
situaciones que vamos a encontrar a lo largo de la vida.
Ana María Bellido Bellé
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